Ideas para enseñar a los niños a reciclar y cuidar el medio ambiente

Manualidades, libros o la reutilización de juguetes son algunos de los recursos de los que disponen las familias para fomentar los valores del ecologismo entre los más chicos.

Ni propiedades ni metales preciosos. Cuando se trata de medio ambiente, la inversión más rentable a corto, medio y largo plazo se llama infancia. Enseñar a un niño a reciclar e inculcarle el respeto por la naturaleza y por su entorno es una apuesta con ganancias aseguradas y efecto multiplicador: no hay mejor estímulo que un pequeño concienciado y entusiasta para que toda una familia se ponga las pilas y comience a tomarse en serio las cuestiones medioambientales. Los colegios son, sin duda, un escenario ideal para la educación medioambiental pero inculcar o reforzar los valores de la ecología en el hogar es una garantía de que los niños se convertirán en jóvenes y adultos responsables con el planeta en el que viven. Las herramientas son innumerables y solo dependen de la imaginación y las dotes pedagógicas de padres y educadores.

Estas son solo algunas de ellas para ponerse manos a la obra en familia:

1. Dibujos para distinguir contenedores y residuos

Dibujar, pintar y recortar, las actividades más repetidas por los niños en sus primeros años, pueden ser grandes aliadas para exponerles las reglas básicas del reciclaje. Tal como sugieren algunas páginas medioambientales, es muy eficaz animarlos a dibujar los distintos contenedores para la separación de residuos, colorearlos con el mismo código que utilizan los que encontrará en la calle y, una vez recortados, pegarlos en la cocina sobre los cubos correspondientes a cada residuo. Siguiendo la misma técnica, el pequeño tendrá muy claro qué va a cada contenedor si dibuja, pinta y recorta los residuos más habituales y los pega igualmente junto al contenedor correspondiente. Así no tendrá dudas a la hora de llevar a la basura el vasito del yogur, el resto de una manzana o el frasco de vidrio de la mermelada. Y los mayores, tampoco.

2. Convertir los residuos en juegos

Otra pata básica de la conciencia medioambiental que debería inculcarse a los niños y que choca frontalmente con esa tendencia a ofrecerles de todo -y todo nuevo- es la reutilización que permite transformar objetos desfasados o aparentemente inservibles en nuevos productos, en ocasiones con más valor. Aplicar esta técnica con los niños es tan fácil como reunir varias botellas de plástico usadas del mismo tamaño, convertir el papel de aluminio del chocolatín en una pelota y jugar un partido de bolos en el pasillo de casa. Los tutoriales en la red son innumerables, como también los que explican cómo convertir una media vieja en una marioneta o transformar un tarro de champú en un lapicero.

3. Premiar el reciclaje.

Tapitas, pilas, papeles usados… Poner objetivos y premiar su cumplimiento es otra manera estimulante de fomentar los hábitos medioambientalmente responsables entre los más jóvenes. Si perciben el reciclaje como una competición saludable, recoger tapitas, tirar los papeles usados en el depósito correspondiente o acumular las pilas en un bote para llevarlas al contenedor específico será un juego divertido y motivador. Para premiarles no hará falta en muchos casos utilizar siquiera algo material. A algunos niños les bastará con darles puntos, por ejemplo, en función de los objetivos que vayan cumpliendo, inventarse una ficha de reciclaje donde anotar sus logros o explicarles qué han conseguido con cada acción de reciclaje.

4. Aprender a donar o reutilizar juguetes, ropa y libros

Una de las asignaturas pendientes para mayores y niños que cada vez resulta más apremiante superar es la erre que acompaña a reciclar y reutilizar: reducir. Reducir es un verbo con enorme potencial en materia de medio ambiente y que tiene que ver, entre otras cosas, con valorar los recursos de los que disponemos y tratar de sacar el máximo partido a los objetos y los productos antes de desecharlos. Por eso es importante fomentar entre los más pequeños una conciencia crítica con respecto a la cultura del usar y tirar, ya se trate de una bolsa de plástico, de un juguete que ya no divierte o de una prenda de ropa que se queda pequeña. Inculcarles la importancia de cuidar y valorar las cosas y hacerlos partícipes de la donación de los objetos usados a otros niños que van a aprovecharlos es una gran lección de solidaridad, sostenibilidad y generosidad que les ayudará a contribuir de forma natural a una sociedad más justa. En la mayor parte de las localidades existen entidades públicas o privadas a través de las cuales se pueden canalizar estas donaciones.